de caer en una cadena perpetua
colgada de dos manos inquietas
mientras me balanceaban
entre las nieblas de lo dulce
dispuestas a cavar las trincheras necesarias
cuando las guerras del pasado
llamaban a mi puerta
a modo de escudo protector
contra los arañazos del olvido
y las agujas del camino
el verbo hecho en dedos
circulantes por mi espalda,
yo su folio en blanco
él mi Dalí
qué difícil fue desengancharse
cuando era costumbre vivir ahogada.
Porque sí,
porque hay cadenas que atan
pero créeme
hay brazos que mucho más.
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